Audemars Piguet apuesta por el arte de experimentar la ciencia

Ruth Jarman y Joe Gerhardt conforman el dúo de artistas ingleses Semiconductor, que este año elaboraron la instalación HALO como parte de la cuarta comisión artística de Audemars Piguet.

El espíritu avant-garde de Audemars Piguet no conoce límites. Este año la manufactura dio un golpe de autoridad técnica y artesanal con el Royal Oak RD#2, el calendario perpetuo más delgado de la historia y un milagro de la miniaturización. Ahora presenta la obra surgida de su cuarta comisión artística en el marco de su alianza con Art Basel. Y el resultado también fusiona el arte con la ciencia de avanzada. Vanguardismo puro.

En 2013, la Gran Dama de Le Brassus se convirtió en socio global de Art Basel por un periodo de tres años. Esta feria es la más importante de su tipo en el mundo y cuenta con ediciones en Hong Kong, Basilea y Miami. El resultado ha sido tan positivo que Audemars Piguet renovó esta sociedad por cinco años más en 2016.

La casa acaba de revelar los detalles de la Audemars Piguet 4th Art Comission, que se podrá ver del 13 al 17 de junio en Basilea. Este año el protagonista es el dúo de artistas ingleses Semiconductor, conformado por Ruth Jarman y Joe Gerhardt, quienes colaboraron con la curadora española Mónica Bello, Directora del programa Arts en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN por sus siglas en inglés).

El CERN es casa del Gran Colisionador de Hadrones (GCH), diseñado para acelerar dos haces de protones en sentido opuesto, capaces de alcanzar 99.99% de la velocidad de la luz. Una vez registrada la velocidad, se les hace chocar para que la fuerza acumulada de la aceleración recree el Big Bang y así despejar varios misterios de nuestro universo.

Jarman y Gerhardt buscaron recrear a escala lo que sucede al interior del GCH, para que la gente pueda comprender mejor la naturaleza sub-atómica y la complejidad del fenómeno que ocurre dentro del CERN.

Para ello, con el apoyo de Audemars Piguet, crearon la instalación HALO, estructura cilíndrica de diez metros de amplitud rodeada enteramente de cuerdas de piano verticales. El interior está rodeado por una pantalla de 360 ​​grados donde el público observa datos en proyecciones caleidoscópicas producidas por una serie de colisiones ralentizadas de partículas subatómicas (tuvieron que alentarlas porque por lo general se producen casi a la velocidad de la luz).

A medida que estas partículas golpean la pantalla, pequeños martillos golpean las cuerdas de piano, lo que provoca vibraciones que resuenan y permiten a los visitantes experimentar la obra de forma acústica y física. Este último aspecto está inspirado en las sonerías de los relojes.

Mónica Bello, Directora del programa Arts en la Organización Europea para la Investigación Nuclear.

Hablamos en exclusiva con Mónica Bello, quien también nos contó acerca de el programa artístico del CERN y la relación entre ciencia y arte.

Tiempo de Relojes (TR): Resulta poco usual que una institución científica colabore con artistas. En ese sentido, ¿qué tan original es el programa Arts del CERN?
Mónica Bello (MB):  Es un modelo único, ya que es la institución científica la que decide poner en marcha una política cultural. La institución, dedicada a la ciencia básica y fundamental, cuenta con un largo historial de artistas interesados en conocer sus procesos. El programa no sólo estimula al sector cultural, sino que tiene como misión hacer que el arte se considere parte de un conocimiento más complejo.

TR: Cuando dices ciencia fundamental, ¿a qué te refieres?
MB: A ciencia que no está dirigida a desarrollar un producto o soluciones, sino que crea modelos para comprender el mundo.

TR: ¿Por qué un artista se sentiría interesado en lo que se hace en el CERN?
MB: Porque la creación y producción de conocimiento consisten en hacerse preguntas importantes dentro de la cultura general, la ciencia y la tecnología. El artista que viene se interesa por el trabajo y la mirada científica, es decir, se siente atraído por la gente que dedica su tiempo y creatividad a preguntarse acerca del mundo, la naturaleza y el orden de las cosas.

TR: ¿Cómo es la interacción? ¿El artista presenta un proyecto y al ser aceptado entabla relación con los científicos?
MB: Sí. El artista envía su propuesta a una convocatoria internacional. Un comité conformado por científicos y trabajadores culturales decide la propuesta idónea y se invita al artista seleccionado a pasar un período (mínimo de un mes y máximo de tres) en el CERN, donde le introducimos, a partir de su propuesta, a científicos y experimentos que creemos le pueden ayudar a desarrollar y ejecutar su idea inicial.

Los planos y primeros materiales de HALO, el proyecto que Audemars Piguet apoya en Art Basel.

TR: En el caso de Semiconductor,  ¿cómo fue el proceso?
MB: Llegaron al CERN con una pregunta específica: ¿cómo interpretamos o conocemos la naturaleza a través de la lente científica? A partir de ahí, desarrollaron una serie de ejercicios en conjunto con varios científicos, de quienes tuvieron que entender su modo de trabajo y las herramientas que utilizan, como los datos producidos en el Gran Colisionador de Hadrones (específicamente los del Experimento Atlas, uno de los siete detectores de partículas del GCH). Con ellos crearon una narrativa que explica la manera en que la ciencia utiliza datos complejos como lenguaje para describir la naturaleza.

TR: ¿Qué es lo que te atrajo de Semiconductor? 
MB: Son artistas con capacidades inusuales a la hora de formalizar ideas. Además, han trabajado durante muchos años con científicos, así que saben cómo mostrar al público lo que la ciencia significa para el arte contemporáneo. Entienden el lenguaje científico y pueden transformarlo en esculturas y películas extraordinarias. Me parecen brillantes.

TR: ¿Qué puertas se abren para el espectador con la fusión de arte y ciencia?
MB: Un lugar de conexión con fenómenos invisibles que existen en la naturaleza. No es necesario que el espectador intelectualice este tipo de experiencias, porque en sí mismas tienen magia. HALO es una escultura donde la gente está arropada por una serie de luces y sonidos inmersivos que producen placer y confort. Además, el público se puede trasladar inmediatamente al número sub-atómico de las partículas fundamentales donde es sabido nuestros sentidos no llegan. Los artistas han podido dibujar ese espacio sub-atómico.

TR: Es una experiencia sensorial…
MB: Sí y está hecha para todo tipo de público, pues invita a permanecer en el espacio y maravillarse con los fenómenos que describe.

La instalación consta de una experiencia audiovisual inmersiva que busca recrear lo que ocurre al interior del Gran Colisionador de Hadrones y también está inspirada por las sonerías relojeras.

TR: Entiendo que no es una alimentación directa y en vivo de lo que se hace en el CERN, sino son datos grabados.
MB: Exacto: no es en tiempo real, sino que los artistas han trabajado con los datos y simulado las colisiones que caben dentro de esos datos de manera auditiva y visual.

TR:  Audemars Piguet busca que los artistas se acerquen a la manufactura, ¿me puedes platicar de tu experiencia con Semiconductor dentro de la fábrica y cómo eso ayudó a inspirar HALO?
MB: Fue un gran momento porque pudimos ver los elementos que comparten relojeros y físicos de partículas. Los miembros de Semiconductor tuvieron una experiencia brillante y fabulosa, que añadió una capa más a su proyecto. La fábrica es preciosa y la gente trabaja de manera única, con las manos y los ojos, pero sobre todo con algo que es casi imperceptible: son piezas tan pequeñas que necesitan máxima precisión. En ese sentido, los físicos de partículas también trabajan así, aunque usen máquinas mucho más grandes. Nada funciona en ambos mundos si la precisión no es extraordinaria.

Por Manuel Martínez e Israel Pompa-Alcalá

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