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De carácter tan disipado como su rostro enigmático. Radiomir 3 Days Platino* 47 mm es un remake de algo que nunca existió
Tanta parquedad asusta. Ya no quedan rostros que digan tanto con tan poco. Ocho agujeros –que parecen de bala– y cinco incisiones –o mejor cicatrices– son suficientes para ocultar muchos secretos militares que se pierden en la espesura de finales de los años 30. ¿Qué fue de los buzos de la Armada italiana que lo acompañaron en la II Guerra Mundial y a los que nunca se les dijo que la luminiscencia que brotaba de su profundo ser era radioactiva? Pobres infelices que creyeron que el nombre en clave Radiomir era sinónimo de longitud* de onda en una llamada desde los abismos. Ahora regresa como un fantasma de engañosa faz para recordarnos cuán profundas son sus heridas en un pasado que nunca existió.
¿Fuma?
Sólo cuando me pongo nostálgico.
¿Y eso es a menudo?
Cada vez que alguien me mira en busca de respuestas que no tengo. Como, ¿de qué conozco yo a este reloj?
Tome uno. Dicen que es un impostor, que nunca estuvo de servicio, que desertó.
Y si así fuera, qué. El mundo está lleno de héroes de humo. Es hora de desertar, ¿no cree?
Su currículo habla de algunos seguidores, ciento noventa y nueve, para ser exactos.
No acostumbro a crearme falsas expectativas. Prefiero los que practican placeres de baja intensidad, como en las novelas de Dashiell Hammett. Suele ser menos frustrante.
Insisto, dicen que usted y su hermano gemelo con pequeño segundero no pasaron de prototipos. Que nunca fueron a la guerra.
¿Le doy un consejo? Es preferible buscar respuesta en las sensaciones que transmito y no en mi rostro.
Es fino como el platino* pero tiene cara de gángster. ¿Esto es romanticismo italiano o una pose?
No le dé más vueltas. Sólo soy un reloj rico normal y corriente.
No puede ser tan normal y corriente cuando tiene la primera faz de su tipo que sale al mercado.
Mi familia fue el orgullo del cuerpo de élite de la Armada italiana durante décadas hasta que a finales de los años 30 los Radiomir fuimos relegados por los Luminor porque emitíamos exceso de radioactividad desde el interior de la carátula. Imagínese cómo nos sentimos. Mi hermano y yo éramos los primeros de una estirpe destinada a mejorar el linaje luminiscente bajo el agua. Por eso los puntos y las líneas cardinales. Pero los Luminor, con su palanca de seguridad, nos desplazaron, nos humillaron. Nunca llegamos a ver la luz como serie regular. Coitus interruptus. Ahora el gusto por la nostalgia, por los años heroicos, nos ha traído de regreso. Lástima que sea para fines muy distintos.
¿Qué opina de su transparencia de plexiglás? ¿No es un exceso de purismo en tiempos tan rudos?
Si el cristal de zafiro está por atrás y el plástico por delante ya está todo dicho sobre lo que aquí cuenta.
¿Quiere decir que está hecho de fuera para dentro y no al revés?
No me haga decir lo que no digo. Hoy sólo se sobrevive con doble sentido.
Un buen producto es el que gana enemigos cada día pero sin quedarse nunca sin amigos...
Si le gustan las buenas frases le diré una de mi creador: “Cuando veo un buen movimiento como el P.3000 le pregunto qué reloj quiere ser?
Y quiso ser usted.
Parece que empezamos a congeniar.
C.V.
1914 Aparece uno de los primeros relojes Panerai con agujas y números luminiscentes al radio. Guido Panerai estudiaba un sistema para mejorar la luminosidad.
1915 Depósito de la patente en Francia para construir esferas autoluminosas. Los tubos con Radiomir se insertan debajo de la esfera y en las agujas.
1939 La palabra Radiomir aparece por primera vez escrita en la carátula.
1940 Al final de la II Guerra Mundial la sustancia de Radiomir es gradualmente sustituida en los relojes de la firma por el Luminor no radioactivo.
1950 Registro de la patente del dispositivo de palanca para los Luminor. En Panerai empieza una nueva era.












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