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Un año después de ser designada presidenta del consejo de administración del Swatch Group, la primogénita de Nicolas Hayek es la mujer más poderosa de la industria relojera. Hablamos con ella
"Aunque mi padre ya no
esté entre nosotros,
su credo sigue vivo.
Sí, hay otra cara, pero
no va a haber cambios
en la estrategia”. Estas fueron las
primeras frases de Nayla Hayek, 59
años, al diario Financial Times y a la
prensa en general semanas después
del fallecimiento del refundador
de la relojería y a pocos días de ser
designada presidenta de uno de los
grupos más poderosos de la industria
relojera. Heredera de facto del intenso
legado de Nicolas G. Hayek, lleva un
año en el cargo. En su mandato se han
vivido pocos cambios en la estructura
del Swatch Group. Todo sigue igual. Y
el cambio, si lo hay, será un remanso
tranquilo de decisiones. Con esta
atmósfera calmada, afable, nos recibe
Nayla en el booth de Tiffany´s en la
pasada edición de Baselworld. Ahora
compagina sus responsabilidades
hacia todo el grupo con la dirección de
la firma de guardatiempos joya. Está
ocupadísima. Su agenda con los medios
de comunicación bulle. Llegamos
con muchas preguntas.
¿Su designación como presidenta
de Swatch Group fue una decisión
personal de su padre?
Fue una resolución de todos los
miembros del consejo de administración.
Aunque, claro, también era una
propuesta de mi padre.
¿Sigue siendo CEO de Tiffany´s &
Co Watches?
Sí. Continúo trabajando para esta
marca. También dirigía Balmain,
además de ser la responsable de India
y Oriente Medio del grupo. Aunque
tuve que dejar India para tener tiempo
sufiente para mi cargo actual.
Nicolas G. Hayek ya no está entre
nosotros. ¿Qué supone esto para
la industria relojera?
Nosotros no tenemos planes de cam-
biar nada en la compañía. De hecho
vamos a seguir los pasos de lo que
hizo mi padre.
De hecho, hay gente que dice que
Swatch Group debería desarrollar
más la clase alta del grupo.
Sí, claro. Sobre todo lo dicen los competidores.
Es normal. Pero yo creo
que mi padre hizo un gran trabajo
con Breguet. Este año, además, las
novedades de Breguet y Blancpain son
increibles.
¿Está llegando una nueva generación
de CEOs a las marcas de
Swatch Group? Le pongo de
ejemplo el nombramiento de
Matthias Breschan para Rado.
El señor Streule ha estado más de 20
años en la dirección de Rado y nos
comunicó que después de su retiro
le gustaría hacer cosas diferentes.
Pero aún trabaja para nosotros en
Sudáfrica. Yo creo que le costará dejar
la compañía del todo. Está empresa es
como una gran familia y es muy difícil
salirse.
¿No tienen planes de nombrar
nuevos directores en marcas
como Omega o Longines?
No. El señor Von Känel [actual CEO
de Longines] es un hombre muy
fuerte y se encuentra bien de salud,
gracias a Dios. En cuanto a los demás
hombres y mujeres tampoco hay
cuestionamiento.
Pero hay rumores de cambios...
El mundo no sería normal sin rumores.
Mire, mi padre tenía 82 años
cuando dejó Swatch Group el día en
que murió. No veo por qué vamos a
cambiar a gente que hace un excelente
trabajo. No nos interesa fijarnos
en la edad. No es nuestra filosofía.
Su padre siempre fue muy crítico
con el oportunismo en la industria.
Sobre las nuevas marcas
que llegaban al mercado sin
manufactura. ¿Cuál es su opinión?
No sólo él pensaba así. Todos opinamos
lo mismo.
¿Hay alguna área en la que el
grupo deba de invertir más?
No. En los últimos años hemos invertido
cada año en todos nuestros sectores.
Por ejemplo: producción, venta,
Investigación y Desarrollo, etc.
En la última década la industria
ha experimentado mucho en
materiales. ¿Le interesa a Swatch
Group competir en este campo*?
Claro. Somos competitivos.
Hablemos de Asia. ¿No le parece
arriesgado depender tanto del
mercado chino?
Estoy de acuerdo con usted. Invertimos
en Asia, pues es un mercado a
desarrollar, pero también estamos
presentes en muchas otras plazas,
como Estados Unidos, donde ha habido
problemas en los últimos años.
Invertimos en India, en Sudamérica,
en México. Sería muy peligroso únicamente
concentrarnos en Asia.
Otro rumor. Se dice que están
planeando abrir una tienda Tourbillon
en México DF. ¿Es cierto?
Estamos a punto de estructurarla.
Nos estamos desarrollando en el país
y tenemos planes.
En una década han aparecido
más proveedores de componentes
y calibres en el mercado.
¿Qué les parece esto?
Nos alegra. Mi padre peleó mucho
para que más gente desarrollara la
industria. Cuanta más gente halla,
más libertad tendremos para centrarnos
en nuestras marcas. Además,
tenemos muy buenos socios. Yo creo
que ahora el gran asunto que debe
preocuparnos es reforzar el sello
Swiss Made. Si no tenemos cuidado,
lo podemos dañar. Es un tema fundamental
de la industria y tenemos que
pelear todos juntos, al lado de socios
como el grupo Richemont.
¿Cuál fue el último reto
de su padre?
Para él era muy importante la pelea,
ser libres, ayudar a la gente que cree
en la industria relojera suiza.
Seguía interesado en las discusiones
con la banca suiza. Pensaba también
mucho en el medio ambiente y por
ello creo Belenos Clean Power, una
empresa que financia y desarrolla
nuevos conductores de energía.
¿Y cuál fue su último deseo?
No lo sé. Él no sabía que sería su último
día ni su último deseo.
CABALLO ÁRABE,
RELOJ SUIZO
Las dos pasiones que han jalonado
el recorrido profesional y vital
de la presidenta de Swatch Group
Relojes y caballos. Nayla Hayek
los adora. Sobre todo los árabes
egipcios. Sin ir más lejos, la primogénita
de Nicolas G. Hayek empezó
antes de la adolescencia a practicar
el salto ecuestre. A los 16 años le
regalaron una yegua de raza árabe.
Además, hace 15 años que ejerce
la presidencia de la Swiss Arabian
Horse Organization y ‘colecciona’
bellos corceles en su propio
rancho. Aunque muchas veces
ha compaginado su afiliación
con la relojería mecánica con el
universo ecuestre desde que
empezara a trabajar en Swatch Group
en 1991 como representante
en Oriente Medio.





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