Operación Meisterstück

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No sé bien cuál es mi imagen, la verdad. Hace unos 15 años que no me corto el pelo o me arreglo la barba por mi cuenta. Y en cuanto a mi físico, pues esto tampoco. Es casi un caso clínico. Quien así se expresa en una reciente entrevista es, a decir de los comentaristas del ruidoso mundo de la prensa celebrity, el hombre con mejor musculatura del mundo; el cuerpo perfecto en una pareja perfecta que completaría la modelo brasileña Gisele Bündchen.

Se llama Hugh Jackman y se empeña considerablemente por presentarse como un hombre normal. Aunque, tal y como él mismo explica, su oficio libera su personalidad tan a menudo que ya no sabe cómo le gusta llevar la barba o vestir los viernes. De todos modos la simpatía de Jackman, el señor australiano de 45 años felizmente casado y con hijos, no cambia en absoluto. Irradia felicidad. Cuando se presentó al mundo como el nuevo rostro de Mont- blanc el pasado enero junto a Jérôme Lambert, el CEO de Montblanc, se le veía contento. Como siempre.

A pesar de que seguramente el trabajo le abrumara o llevara sobre su cabeza un viaje intercontinental desde Oceanía. De hecho en esos momentos estaba terminando la filmación en Sudáfrica de Chappie, una película de ciencia ficción, y de la cinta Pan, inspirada en los orígenes de Peter Pan. Pero ahí estaba, sereno, risueño, más delgado de lo que uno se espera y más rubicundo. Es un tipo alto, de casi un metro y 90 centímetros. A Lambert, un francés impulsivo de Besançon, de ordeno y mando casi napoleónicos, se le ve confortable al lado de la estrella.

Lambert necesitaba un rostro universal para revigorizar la propia universalidad de la firma de la estrella. Necesitaba una voz y un gesto mundialmente conocidos para impulsar al olimpo una marca de lujo presente en muchos segmentos. Hoy ya parece claro que el plan de Lambert en Montblanc es producir más con la misma calidad para nichos muy diferenciados. Propulsar la marca con colecciones irresistibles (desde muchos puntos de vista) como Meisterstück, su última apuesta.

Curiosamente el hombre que encarnó como nadie a Wolverine en la saga X-Men ha sacado a Montblanc de la esquina confortable de las campañas de publicidad de nicho. Las mil caras de Jackman, por cierto, bien pueden representar a las mil sensaciones que Montblanc quiere expresar en sus estilográficas, en sus relojes o en sus accesorios de piel. El ascenso de la creatividad productiva de Montblanc ha sido tal en las últimas dos décadas que el giro narrativo de la comunicación de la casa era de esperar.

Hugh, por su parte, se casó joven, en 1996, con una actriz, Deborra-Lee Furness, casi 15 años mayor que él. Hizo sus primeros trabajos en una serie australiana (donde conoció a su esposa) Correlli. Después se sumergió en el mundo de los musicales, su otra gran pasión además del cine. Su primera obra fue Oklahoma! y todos supimos de sus dotes en la renovada versión de Los Miserables llevada a las grandes pantallas por Tom Hooper en 2012. Hizo de Jean Valjean con Anne Hathaway y Russell Crowe completando el reparto.

Las historias con aires de época, de hecho, también se encuentran entre sus otras grandes aficiones. Empezó a despuntar en Hollywood (con permiso de Lobezno) como lord inglés perdido en el espacio- tiempo en Kate and Leopold, y después se vistió de conquistador español venido desde la mismísima Sevilla de 1530 para conquistar El Arbol de la Vida por instigación de Darren Aronofsky.

Con Woody Allen hizo de posh en la comedia de enredo (también con tintes sobrenaturales) Scoop. Y seducía a Scarlett Johansson. Baz Luhrmann, el director postmoderno por excelencia de Romeo y Julieta y El Gran Gatsby, le dirigió en la intensa Australia. Hoy, en las salas de cine, comparte espacio con otras estrellas de ascenso consolidado como Michael Fassbender o James McAvoy en X-Men Days of Future Past y se prepara para nuevos proyectos.

Entre las últimas noticias asociadas a Jackman la única mancha (si es que puede decirse así) en la carrera feliz del australiano de origen inglés ha sido un carcinoma en la nariz del que se trata a menudo. “¡Yo no soy así! ¡Nada de eso! ¡Por favor! Voy a decirle una cosa: cuando rodé mi primera película en Hollywood, tenía 30 años. Así que no llegué a experimentar la fascinación absoluta, las chicas que te persiguen por todas partes… Es justo lo que ansiaba al principio, pero nunca me pasó. Hoy tengo claro que mi atractivo se debe en gran parte a que soy famoso y salgo en películas”, comentaba Jackman en la revista española XL Semanal en agosto.

Pues sí. El hombre más sexy que niega serlo, el de las mil caras y la normalidad, el rostro feliz y humilde de Jackman aparece junto a la Montblanc renacida de Meisterstück. A Lambert le salen bien las cosas porque sabe hacerlas bien. Será un buen año y en esta ocasión a su lado habrá un eterno y feliz Hugh Jackman.

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