La Pasión según Scheufele

Karl Friedrich Scheufele, co-presidente de Chopard
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Karl Friedrich Scheufele, co-presidente de Chopard
La Pasión según Scheufele
Karl Friedrich Scheufele, co-presidente de Chopard

GRAND PRIX DE MONACO HISTORIQUE 2014 (c) Alexandra Pauli

Karl Friedrich Scheufele at The Chopard Parade
La Pasión según Scheufele
Karl Friedrich Scheufele at The Chopard Parade

GRAND PRIX DE MONACO HISTORIQUE 2014 (c) Alexandra Pauli

Que no haya duda, el motor creativo de la relojería en Chopard es Karl-Friedrich Scheufele. Funge como copresidente de la firma que su padre compró en 1963, pero es quien inspira e impulsa a una manufactura cada vez más completa. Ésta es una conversación sobre relojes, autos y vinos.

La pasión de Karl-Friedrich Scheufele por la relojería y su obsesión por la calidad han hecho que algunas creaciones de Chopard alcancen un estado cercano a la perfección. Ahí está como un ejemplo para emocionar a la memoria el L.U.C Triple Certification Tourbillon de 2011, el primer reloj del mundo que cumplía a la vez con los requisitos del certificado de cronometría COSC, del Sello de Ginebra y del certificado de la Fundación Calidad Fleurier. Esta última, por cierto, surgió de una iniciativa conjunta de Bovet, Parmigiani y, por supuesto, Chopard. “Hay quien nos pregunta si no es demasiado someter a un reloj a tres certificados”, dijo Scheufele en una entrevista anterior con Tiempo de Relojes. “Entonces, ¿por qué se fabrican autos que van a 300 km/h cuando el límite son 120? Creo que era algo grandioso poner COSC, Fundación Calidad Fleurier y Sello de Ginebra en un reloj, y nosotros tenemos la posibilidad de hacerlo. Honestamente, lo hice por mí, aunque siempre esperas tener algún cliente interesado.”

Llámenlo egoísmo si quieren, pero para fortuna nuestra así es Scheufele. Disfruta a fondo aquello que ama y lo inyecta en las venas de la marca que su padre Karl adquirió en 1963. Su afición por los autos vintage y por carreras clásicas como la Mille Miglia (Chopard la patrocina desde 1988) y el Grand Prix de Monaco Historique (desde 2002) ha dado origen a la colección Classic Racing. Además, posee quizá la mejor tienda de vinos de Ginebra, Le caveau de Bacchus (La cava de Baco), y le ilusiona la elaboración de su propio vino. Es un anfitrión perfecto, algo que parece apenas apropiado para el copresidente de una firma del Olimpo del lujo como Chopard, cuyas joyas y relojes adornan los cuellos y las muñecas de las grandes estrellas de cine de todo el mundo. Tampoco hay que olvidar que esta marca elabora la Palma de Oro del Festival de Cannes desde 1998.

Antes de hablar con Scheufele, pude conocer una parte de su universo: la manufactura de Fleurier Ebauches, el taller de joyería donde se realizan piezas únicas de forma minuciosa (su hermana Caroline, también copresidente, es la responsable y directora artística de esa área), la historia de Chopard y la Fundación Calidad Fleurier, que vela porque los guardatiempos cumplan con parámetros estéticos y técnicos de máxima exigencia. Y en Ginebra visité la tienda donde tiene algunos de los mejores vinos del mundo.

Pero el centro de ese cosmos personal lo siguen dominando los relojes. Scheufele venera la historia y la tradición de este oficio, tanto que la manufactura alberga un delicioso museo — “L.U.Ceum”— con una impresionante colección de relojes de bolsillo y de muñeca antiguos. Entre los grandes maestros relojeros representados está el suizo Ferdinand Berthoud, nacido en 1727 muy cerca de Fleurier y designado Caballero de la Legión de Honor por Napoleón en 1804. Hace nueve años, Chopard adquirió los derechos del nombre de Ferdinand Berthoud y este septiembre acaba de presentar el primer reloj que se ha hecho con el sello de esa casa desde 1807.

En 2015, la marca ha equipado por primera vez modelos Mille Miglia con calibres diseñados, desarrollados y ensamblados en Fleurier Ebauches. En marzo presentó un hermoso L.U.C Regulator, así como su segundo L.U.C hecho en oro ético Fairmined y los nuevos modelos de la exitosa saga de los relojes Happy Diamonds. Este ritmo de producción es posible gracias a que Scheufele no es un purista, sino que cree en la “mezcla interesante entre las máquinas inteligentes y el trabajo hecho a mano”.

En la puerta de la manufactura esperaba un Rolls-Royce vintage. Así es Chopard: simboliza un estilo de vida que va desde los coches de colección hasta los grandes vinos, pasando por las alfombras rojas de los grandes festivales cinematográficos y las fiestas del jet set. Es una firma que sostiene su prestigio superlativo en la independencia, la creatividad y la calidad de cada joya y cada reloj. Todo esto se verá con mayor claridad en la boutique que la marca abrirá próximamente en la Ciudad de México.

 ¿Se considera usted el pionero del sport-elegant?

Cuando miro hacia atrás y veo las imágenes de la carrera Mille Miglia sí que veo que hay un look atractivo de sport-elegant, una estética y una atmósfera que reina en toda la competición. No sé si soy el pionero, pero sin duda en esa carrera hay una imagen emblemática del hombre sport-elegant, además de que se quieren destacar los valores de la deportividad.

¿Cuál es la magia de una carrera como Mille Miglia?

Honestamente es un éxito que está por encima de lo previsto por la repercusión y por la participación. Cada vez hay más interés, más expectación y más participantes. Para mí es un motivo de orgullo.

¿Es más fuerte su pasión por los coches o por los relojes antiguos?

Hay un equilibrio entre ambas.

Chopard inaugurará en las próximas semanas una boutique en la Ciudad de México, en la calle Presidente Masaryk ni más ni menos. ¿Qué expectativas tiene con su nuevo espacio en este país?

Tenemos mucha ilusión, es un gran proyecto. Llevamos años en el mercado mexicano y para nosotros esta boutique será una gran embajada de Chopard no sólo en México, sino en todo Latinoamérica.

Otra de sus pasiones es la calidad, algo que se nota en cada proceso de la manufactura. Además, Chopard ha participado en la creación y el mantenimiento del certificado de la Fundación Calidad Fleurier, junto con las marcas Bovet y Parmigiani. Háblenos de esta iniciativa.

Estoy orgulloso de que Chopard haya formado parte de la creación de este certificado que acaba de cumplir 10 años. Es un conjunto de normas que garantizan que el proceso de manufactura se dé en las mejores condiciones, y se ha convertido en un reto para la industria relojera. Se evalúa la calidad de los productos con pruebas muy exigentes y está a disposición de cualquier marca. Defiende la esencia de la artesanía suiza y sirve para transmitir a los clientes de Chopard el nivel de calidad de nuestras piezas de alta relojería. Obtener el certificado de la Fundación Calidad Fleurier tiene que ser un desafío. Un reloj debe ser de fabricación cien por ciento suiza, cumplir con ciertos criterios estéticos artesanales, superar las pruebas del Control Oficial Suizo de Cronometría (COSC) y, por último, superar el Fleuritest, un simulador robótico de uso único con movimientos en tres dimensiones durante 21 horas. No hay duda de que el certificado de la Fundación Calidad Fleurier es el más exigente del mundo.

En 2006 Chopard adquirió una leyenda de la relojería que hoy ocupa buena parte de su museo. Me refiero a la firma Berthoud. ¿Qué proyectos tiene al respecto?

En septiembre [de 2015] presentaremos nuestro primer reloj Berthoud. Lo hemos desarrollado de una manera muy diferente, es un proyecto distinto a lo que se conoce de Chopard. Por ahora sólo puedo decir esto.

Y mientras las celebridades de todo el mundo siguen llevando joyas Chopard.

Hemos creado un taller único y representa un honor para nosotros que todas esas celebridades decidan llevar Chopard. Hacemos piezas únicas, con una gran labor artesanal, mucha disciplina y creatividad.

Hay otra pasión que ocupa su vida: el vino.

Así es. ¿Viste la tienda? Siempre tuve el deseo de hacer vino. Gracias a eso aprecias más el tiempo, los procesos, puedes tener el control de la producción, de la uva, de cada etapa, tener todo el cuidado… pero una tormenta termina con todo. En el vino siempre hay algo impredecible, aunque te ayuda a apreciar muchas cosas.

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