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Anuario 2010


  • NUEVO ORDEN. Perfeccionismo en escena con la más reciente generación de Excalibur. Depurada en la mecánica y certificada
    por el COSC y el Punzón de Ginebra, derrocha capacidad productiva en complicaciones y creatividad. Son los primeros efectos de la
    incorporación de la marca al Grupo Richemont: mayor garantía técnica sin menoscabo de la originalidad heteroclásica.

    A medio camino entre el reloj-joya y la arquitectura hecha con mimbres de alta técnica, una firma ginebrina muy distinta de cualquier otra. Su ADN de raíz latina, profuso en referencias a una casa de costura artesanal suiza, se reafirma con creces por el expertise
    tecnológico que implica su integración al poderoso Richemont Group. Había expectación en la pasada edición del SIHH por ver en qué resultaría la operación y observar en directo las mutaciones. El desenlace se concretó en una serie Excalibur redimensionada, con actores de primer nivel como Excalibur Minute Repeater, un tourbillon automático con repetición minutos equipado con un disipador centrífugo que amplifica el sonido. Además de otra transgresión visual de la nueva hornada de RD materializada en una pieza con torbellino a las 7 h y un micro-rotor visible sobre la esfera a las 10 h. Resulta un ejercicio muy al estilo de la casa y con unas intenciones avaladas por un certificado de cronómetro COSC del que no tantas firmas (sobre todo en ese maridaje ultracomplejo) pueden presumir. Y todo para serieslimitadas a 28 piezas, como es tradición desde los orígenes, con Poinçon de Genève, ahora ampliadas a 88 en los modelos de más amplio espectro. Aunque en este sello majestuoso, el elenco al completo rezuma exuberancia. Basta contemplar Easydiver Cronógrafo, con totalizador de 45 minutos semi-instantáneos. O Kingsquare Tourbillon, con bisel y asas de espesartitas, una rara gema africana.
     

Roger Dubuis