Publicado el 28 de Diciembre de 2011
Yves G. Piaget junto a la actriz Ursula Andress

Famosa por sus relojes ultrafinos y su joyería ecléctica, fue fundada bajo el dictum calvinista del trabajo duro y la frugalidad en las montañas del Jura. Ese rasgo de laboriosidad discreta ha llegado intacto hasta el último heredero

Yves G. Piaget, el Piaget de cuarta generación y a la sazón presidente del Consejo, gusta describirse como el “guardián del templo”. La analogía es apropiada: Piaget como centinela de un templo pagano dedicado al lujo donde relojes de afilada elegancia y deslumbrantes joyas tienen devotos por todo el mundo, y como el custodio de un templo tradicional y de un credo que refleja la ética protestante del trabajo, profundamente enraizada en la familia. Además del compromiso por mantener el mandamiento del fundador: “Haz siempre las cosas mejor de lo necesario”.

Georges Eduoard Piaget y familia

Los Piaget, hoy suizos, eran originarios de Francia, unos de los muchos hugonotes que tuvieron que huir de su país tras la revocación del Edicto de Nantes por el rey Luis XIV en 1685. Perseguidos por no convertirse al catolicismo, los Piaget buscaron la protección y el aislamiento de las Montañas Jura, concretamente en la pequeña localidad de La Côte-aux-Fées. Los desplazados Piaget debieron sentirse como en casa en el bucólico cantón de Neuchâtel, una región que había sido conquistada espiritualmente por el fanático luterano Guillaume Farel en el siglo XVI. Los lugareños se regían por los estrictos principios morales de la Reforma, según la cual el trabajo duro y la frugalidad eran la norma y la ociosidad un pecado.

“Mi bisabuelo”, escribe Yves. G. Piaget en su libro Orfèvre du Temps, era “un aldeano y un relojero”, y su particular práctica del calvinismo, que incluía axiomas como “ama lo que haces pero no hagas lo que amas”, fue transmitida de generación en generación.

El Fundador

Georges Edouard Piaget (1855-1931), el humilde fundador de la marca, cuidaba su ganado y labraba sus tierras en primavera y verano, mientras que en los largos meses de invierno se dedicaba a la relojería. El alto nivel de especialización de estos artesanos hicieron que el Jura se convirtiera en el epicentro de una producción que abastecería de piezas a la naciente industria relojera de Ginebra. Georges Edouard se especializó en escapes de palanca que hicieron posible el desarrollo de movimientos extremadamente delgados. En 1874, a los 19 años, Piaget fundó la empresa, pero al igual que muchos fabricantes de la región al principio no firmaba sus piezas. Se lo impedía la modestia y, cuando finalmente lo hizo, era en la cara interna del movimiento, lo ocultaba. “Así era la naturaleza reservada de la familia Piaget”, explica Yves Piaget. Cuando los diseñadores de un reloj aniversario quisieron añadir una copia con la firma del fundador se encontraron con que no existía ninguna en los archivos de la compañía. Finalmente encontraron una en el registro de una parroquia local.

El negocio comenzó a despuntar y en 1890 el taller se trasladó de la granja familiar a la planta baja de la capilla de la Iglesia Evangélica Libre. Georges Piaget se retiró en 1911 y cedió el negocio al quinto de sus 14 descendientes.

"La Fabrique" de Piaget en La Côte-aux-Fées

Timothée (1885 – 1975) era el mejor relojero de la prole y en el periodo de entreguerras la compañía floreció, suministrando movimientos de alta precisión a marcas renombradas. Sin embargo el apogeo de la marca Piaget vino de la mano de la tercera generación, Gérald y Valentin, que tomaron las riendas en 1945. Su primer paso fue registrar la marca y crear unas instalaciones específicas en La Côte-aux-Fées para poder dar cabida a sus 200 artesanos. En una villa de apenas 600 habitantes, La Fabrique era tan reverenciada como la iglesia local; la lectura de la Biblia durante el trabajo era habitual, para así alimentar las necesidades espirituales de los trabajadores. Cuando se introdujeron los calendarios laborales de cinco días a la semana los trabajadores temieron que se interpretara como holgazanería. Yves describe la fuerte conexión entre la familia Piaget y sus empleados cuidadosamente seleccionados, que trabajan “con nosotros y no para nosotros” y que, a cambio, tienen garantizado un empleo de por vida. La manufactura es hasta hoy el único centro de producción de movimientos de la compañía.

El mítico calibre 9P

Como lo fue en 1956, un año mítico para los devotos de Piaget. El calibre 9P de Valentin Piaget, el movimiento mecánico más delgado del mundo con sólo 2 mm, maravilló ese año a los fanáticos de los relojes en la feria de Basel y consolidó el estatus de la maison. Pero volvió a superarse a sí mismo con el calibre 12P lanzado en 1960, el movimiento automático más delgado del mundo que sería el orgulloso antecesor de la actual colección Altiplano.

Otro hecho importante tuvo lugar en 1957 cuando la casa decidió limitar su oferta a objetos realizados sólo en oro y platino para así satisfacer su público objetivo: la “élite internacional”. En el libro de Franco Cologni, Piaget, el autor describe cómo los compradores de aquel momento no adquirían sólo relojes. Al traspasar la entrada de la lujosa tienda de la marca –abierta en 1959 en la Rue du Rhône de Ginebra– “los clientes pedían joyas y accesorios que coordinaran con los relojes que acababan de comprar”, y Piaget comenzó a suministrar piezas.

Años 60

Los años 60 fueron el apogeo creativo de Piaget, cuando la marca decidió afirmar su identidad como relojeros y joyeros, creando todo de principio a fin. A tono con la paleta colorista y
psicodélica de entonces, la firma dejó boquiabierto al mundo con sus fantásticas creaciones. Con calibres finos como una oblea y diales hechos con piedras semipreciosas como el jade, lapislázuli, malaquita, ópalo, ónice, ojo de tigre, coral, perlas o turquesa, Piaget imantaba a sus devotos con su original vanguardismo. Damas de primera línea como Jackie Kennedy, Sophia Loren o Mireille Mathieu hacían alarde de sus relojes joya de la marca.

Yves G. Piaget

Yves G. Piaget, la cuarta generación de la familia, se unió a la empresa en esos marchosos años 60 para acabar convirtiéndose en su embajador errante, codeándose con la jet set. Hijo de Gérald, Yves no entró en el negocio sólo por su apellido. “Mi padre”–escribe– “me inculcó el lado serio y estricto del trabajo. Me dijo: nunca entrarás en la empresa por ser un Piaget, sino por haber pasado la prueba y haber aprendido el negocio”. Tras haber obtenido el título de ingeniero relojero en la universidad de Neuchâtel y el diploma de gemólogo en el Instituto Gemológico de Los Ángeles, en 1966 Yves ya estaba preparado para comandar las dos facetas del negocio. La externalización no era una opción, y su búsqueda de la integración vertical comenzó entonces.

La introducción del cuarzo supuso la defunción de muchas compañías suizas; no fue ese el caso de Piaget, que abrazó la nueva tecnología y creó una división interna para producir en cadena movimientos de cuarzo. Bajo la dirección de Yves, Piaget creó el primer movimiento de cuarzo extrafino en 1976, superando incluso a los japoneses. De hecho, hacia el final de la década, los movimientos de cuarzo suponían el 65% de la producción.

Pasión Polo

La pasión personal de Yves por los caballos también tuvo su reflejo y la introducción del reloj Polo en 1979 fue fundamental. Armado con un calibre 7P de cuarzo ultrafino, el Polo presentaba la caja integrada en un brazalete de suave oro que pasó a ser un accesorio de rigueur entre las clases altas, que apreciaban el ser capaces de reajustar la manecilla horaria sin afectar la posición de la aguja de los minutos cuando surcaban distintas zonas horarias.

Ursula Andress

Desde el principio, el reloj Polo estuvo arropado por estrellas internacionales y su presentación en sociedad vino de la mano de la actriz Ursula Andress, en una estrategia de marketing muy hábil y prácticamente sin precedentes en el sector de la relojería. Con apenas tres milímetros de grosor, el Piaget 7P en la muñeca de Ursula Andress era el más fino del mundo y el poseedor de la tecnología
más avanzada.

El último Piaget

Casado brevemente y separado en 1972, Yves tiene dos descendientes y se describe a sí mismo en su libro como un “padre ausente”. No animó a su hijo Cédric a unirse a la compañía porque “habría estado expuesto a una comparación constante con su padre, su abuelo, etc., así que a no ser que hubiese sido el mejor entre los mejores lo habría pasado muy mal intentando imponerse”. Por su parte, su hija Sybille y su marido dirigen el hotel Le Beau Rivage que Yves compró en Neuchâtel
hace seis años.

Sin candidatos por tanto para una posible sucesión, Yves aceptó formar parte del grupo Richemont en 1988. Dirigida actualmente por el CEO Philippe Léopold-Metzger y con una nueva fábrica en Plan-les-Ouates (Ginebra), la compañía ha vuelto a la producción de relojes mecánicos que, junto con los relojes joya, suponen un 80% de las ventas. Yves es inflexible en que la esencia de Piaget se mantenga intacta. Ginebra puede ser “el corazón de la alta costura relojera”- escribe–, pero el corazón de cada reloj Piaget aún se fabrica en el Jura, en su amada ciudad natal.

Con su pasión por las rosas, por la naturaleza, por los caballos e incluso las vacas, Yves es por el momento el último de la dinastía Piaget y, fiel a los preceptos, prevé un retiro activo huyendo de un ocio al que califica como “una forma de vacío”.

Texto: 
Rebecca Doulton
Fotografía: 
Piaget

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