Bienvenido Inicia sesión o Regístrate| Estamos en > Twitter | Youtube
Un cronómetro y la aventura científica. El reloj de Dresde para el diplomático de Berlín. En busca de la verdad. Esta es la historia del hombre que redescubrió América
En pocas ocasiones el personaje tiene la suerte de coincidir con el creador, y en el mundo de la relojería clásica menos aún, por evidentes razones temporales. Sólo aquellos que vivieron en los siglos XVIII y XIX tuvieron la oportunidad.
Por eso la relación, aunque corta, entre el artesano Johann Heinrich Seyffert y el aventurero y científico Alexander von Humboldt, no deja de ser significativa. Cuentan las crónicas que para su primera expedición, Humboldt, después de adquirir un cronómetro, se desplazó hasta Dresde para que el propio Seyffert le instruyera en el arte de la navegación con sextante y barómetro.
Según las notas que registró mientras aprendía, el cronómetro de Seyffert marchaba con una precisión diaria de cuatro a cinco segundos. Y, si no se movía, la desviación de la marcha podía llegar a ser de hasta menos de un segundo al día. A principios del siglo XXI esos valores aún nos parecen impresionantes en relojería mecánica.
Alexander von Humboldt había nacido en Berlín el 14 de septiembre de 1769 en el seno de una familia de la nobleza prusiana. Recibió una disciplina y una educación esmerada, dirigida por profesores privados muy notables. Durante su adolescencia le instruyeron en Filosofía, Física, Idiomas, Grabado y Dibujo. Para complacer los deseos de su madre, estudió también Administración. Pero fueron sus profesores de Naturaleza y Botánica los que determinaron su vida. Porque a partir de ahí, todos sus trabajos, como alto cargo en la administración prusiana, terminaron con alguna investigación que ahora llamaríamos ecológica.
Todo iba sucediendo con tranquilidad. Y, de repente, el elegante y discreto Alexander hereda una fortuna a la muerte de su madre. Cualquier joven aristócrata de 26 años se habría dedicado a disfrutar de la buena vida, pero él decidió emplear su herencia en viajes de investigación y en publicar sus estudios. Con su mejor amigo, Aimé Bonpland, comienza a preparar su objetivo comprando material científico. Ese es el momento en el que se encuentra con Seyffert. En realidad, la firma A.Lange & Söhne no existía en la época, pero la primera manufactura alemana, fundada en 1845 por Ferdinand A. Lange, continuó con los trabajos del famoso relojero llegando a convertir en realidad algunos de sus sueños. Seyffert fue una referencia, entre la nobleza y los científicos.
Alexander von Humboldt, y su amigo Bonpland, armados con su precisa adquisición partieron en 1797 hacia Francia donde habían sido invitados por el ministro de Marina para participar en un viaje alrededor del mundo. El destino no les acompañó en esta ocasión y la expedición se suspendió. Desesperados, las limitaciones avivan su ingenio y les llevan a realizar la expedición que hace famoso a Humboldt: su viaje a América Central y del Sur.
Un mapa muestra la travesía de la expedición de Humboldt a América de 1799 a 1804. De La Coruña a Caracas, de Washington a Burdeos, el viaje fue crucial para el conocimiento de nuevas especies y el desarrollo de la ciencia sólo diez años después de la Revolución Francesa.
Partieron de La Coruña en la corbeta española Pizarro rumbo a las Islas Canarias. Dos meses más de singladura y pisaron el llamado Nuevo Mundo, en Cumaná. Entre la América del Sur, la Central y la del Norte, viajaron durante cuatro años y los resultados se enumeran en una colección de 6,000 especies de plantas (novedosas en gran parte), numerosas observaciones mineralógicas, astronómicas, químicas y sociales. Por ello fue nominado como Benefactor de la Patria Mexicana.
“El recibimiento que se me hace en las colonias españolas es tan halagador (...). Nosotros los europeos del Este y del Norte tenemos singulares prejuicios contra los españoles. He vivido dos años vinculado con todas las clases, desde los Capuchinos (porque he pasado bastante tiempo* en sus misiones entre los indios Chaimas) hasta el virrey; sé el español casi como fuera mi lengua materna y, gracias a este conocimiento preciso, aseguro que la nación pese al despotismo del Estado y la Iglesia, avanza a pasos de gigante hacia su desarrollo”.
Conoció a reyes, presidentes, ministros, pero nunca se dejó tentar. En su vida sólo existió La Naturaleza. Fue amigo de Schiller y de Goethe, quien dijo de él: “Se puede decir que Humboldt no tiene parangón en el conocimiento de la vida”.
Noticias relacionadas













Comentarios
Enviar un comentario nuevo