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Schaffhausen mira al universo para ubicarse entre lo más alto de las manufacturas ultracomplicadas. PORTUGUESE SIDÉRALE SCAFUSIA es todo un complejo astral con tourbillon de prestaciones inéditas
El objetivo está sobradamente superado. IWC coloca su prestigio más allá de los fundamentos de clase de sus magníficos Portofino, o sus Pilot, o sus Da Vinci, que revolucionaron la relojería mecánica en los 80. El pasado septiembre Georges Kern anunciaba que el recorrido de la firma de Schaffhausen no tiene una única parada. Pueden ir más allá.
Su fama de suizos alemanes, pragmáticos, certeros, poco ostentosos, no se subvierte convocando la mirada de todas las grandes manufacturas. Al contrario. Revela que son capaces de crear una pieza como Portuguese Sidérale Scafusia y colocar a la marca entre los elegidos para la producción de guardatiempos ultracomplicados. Porque se trata de una pieza que espera hablar de tú a tú a autómatas como el Master Grande Tradition Grande Complication de Jaeger-LeCoultre, al L’Astronomo de Panerai, a los relojes de bolsillo de Breguet de principios del XIX o incluso a majestades de la relojería de pulso como el Sky Moon Tourbillon de Patek Philippe. Con un sentido bespoke de lo más alto de gama también entendido por otras leyendas como Vacheron Constantin. Y, entre otras cosas, con una disposición del calendario perpetuo en el reverso, en el bisel interior, nunca antes vista.
En la esfera frontal, un tourbillon con jaula de titanio* y regulador de fuerza constante (permite que la energía que va del barrilete al escape de torbellino sea siempre la misma y no varíe, provocando alteraciones) acapara la atención a las 9 h. Su balance, por cierto, es completamente novedoso, con dos piñones y dos contrapesos, y la leva del dispositivo regulador ha sido producida en LIGA en una aleación de níquel y cobalto usada por otros sellos amantes del Swiss Made hi-tech como Ulysse Nardin.
El segundero ajustado a la jaula del tourbillon es saltante durante las primeras 48 horas de duración del regulador de fuerza constante. Como si se tratara de un dead beat seconds. A las 12 h, una ventana de 24 horas muestra el tiempo* sideral, es decir, las horas y minutos que toman como referencia fija la posición de una estrella. Y que se diferencia del tiempo solar –que se muestra en las horas y minutos centrales– en unos 4 minutos. A las 4:30 h, una reserva de marcha de 96 horas refleja la potencia activada por el par de barriletes que acciona el reloj, de carga manual.
En el fondo de la caja, el calendario perpetuo que marca los días de 1 a 366 (cuando es año bisiesto) concede casi todo el escenario a un cuadro de cartas celestes elegido por el propietario. En él se observan el horizonte, las coordenadas geográficas, el tiempo* solar, el tiempo sideral, la salida y puesta de sol, la órbita solar o el ecuador celestial.
Estamos, al fin y al cabo, ante el reloj más complicado realizado por IWC. Según fuentes del sector, el equipo encargado del proyecto ha tardado diez años en materializar el objeto y desarrollar el nuevo calibre 94900 con módulo astronómico y más de 500 componentes.
Un dream team compuesto por seis expertos reputados entre los que se cuentan Stefan Ihnen, director técnico de IWC; Thomas Gäumann, jefe del departamento de I+D; Mario Klein, product manager; Stefan Brass, maestro relojero; Jean-François Mojon, diseñador relojero (autor del Opus 10 de Harry Winston y jefe de la manufactura independiente Chronode), y el profesor Ben Moore, director del Instituto de Física Teórica de la Universidad de Zúrich. El resultado de su trabajo abruma.
UNA PUERTA ABIERTA AL CIELO EN CHILE
El Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral en Cerro Paranal (Chile) es uno de los complejos astronómicos más avanzado del planeta. Ahí decidió IWC mostrar al mundo su nueva pieza. El símil es claro. La manufactura de Schaffhausen exhibe su guardatiempo* de visión astral más potente en la cercanía de cuatro telecospios reflectantes de 8.2 metros de diámetros. Cerca de allí entrará en uso en 2018 el telescopio más grande del mundo. Medirá 42 metros de diámetro.
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