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Diseñador y creativo de raza, Carlo Giordanetti actúa como el ideólogo de una firma que ya ha dejado su sello propio en todas las dimensiones del Swiss Made
Detrás del producto, la mente, las manos, las ideas, el concepto. Ahí se sitúa Carlo Giordanetti. Milanés de 50 años lleva las riendas del diseño creativo de Montblanc desde 2007 y en gran parte es suya la responsabilidad del progreso abrumador de la división relojera de la marca. Probablemente su pasado de más de 15 años en Swatch, donde fue designado director de diseño en 1988, tenga mucho que ver en esto. O, aún más, que bajo su batuta la firma estelar del lado fashion de Swatch Group tuviera sus mejores años, con un éxito mundial sin precedentes. El impacto mediático, industrial, real, de la nueva generación de Vespa, también fue producto de Giordanetti y sus colaboradores que contribuyó decisivamente al relanzamiento de la marca en su 50 aniversario. Trabajó, además, durante años con las mejores marcas de relojes, joyas y moda, entre otras, con su propia compañía, Brand DNA, en tareas de posicionamiento, desarrollo de conceptos, reposición, etc.
Y desde 2007 se encarga de dirigir la ideología de Montblanc, una firma que, en sus palabras, se basa en una “cultura de la perennidad, donde los cambios no son dramáticos y la herencia se mezcla con la tradición”.
Pero en sus objetivos está el todo Montblanc, y no sólo la generación de una haute couture relojera en Villeret que ha asombrado al mundo del coleccionismo y los amantes de las piezas más exquisitas. El relanzamiento de colecciones como TimeWalker o el estreno de la paradigmática Nicolas Rieussec son hijas del pensamiento Giordanetti que puebla las sedes del diseño de la compañía en París y Hamburgo.
Una hoy se desarrolla en un infinitum de posibilidades mecánicas con TwinFly; otra sentenció una nueva forma de ver el cronógrafo inspirada directamente en su principal hacedor hace 190 años. La incorporación de elementos de aquel primer crono (que indicaba los conteos con tinta) para confeccionar la estética y el discurso argumental de la línea son buena prueba de ello. Carlo así se sitúa en el espacio de los trendsetters, de la imposición entusiasta de metas técnicas estéticas. Sean los ensayos con tourbillones sobredimensionados con doble espiral cilíndrica (en Villeret), en el uso de materiales hi-tech como sucedió en el Dual Carbon de la pasada temporada (Twin Walker) o el apoyo encendido al homenaje al crono de Nicolas Rieussec.
Son numerosas las virtudes del decimoquinto calibre propio de Montblanc. De carga automática, se trata de un mecanismo de crono con rueda de pilares y embrague vertical de disco, con 31 mm de tamaño, 7.9 mm de altura, doble barrilete, 299 componentes, gran volante de tornillos, espiral plana, platina rodiada y perlada, puentes rodiados y decorados con Côtes de Genève, además de las ruedas con dientes de un perfil particular para asegurar la transmisión de la energía.
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