![]()


Bienvenido Inicia sesión o Regístrate
Una teoría de vida propia y un reloj único que la sustente. Philosophia y Vladimir son dos genialidades de encargo salidas del Atelier Cabinotiers
Un cabinotier* es en Ginebra un maestro artesano de los oficios relojeros, un gremio casi aristocrático que ha contribuido desde el siglo XVII a convertir la ciudad de Calvino en enclave de excelencia seudorreligiosa. En el siglo XI fueron orfebres, luego grabadores y esmaltadores. Hasta que llegaron los engastadores y los relojeros, muchos de ellos hugonotes expulsados de Francia con la revocación del Edicto de Nantes por Luis XIV. Todos se establecieron en Saint-Gervais, el barrio histórico de la capital, en el margen derecho del Ródano, al refugio de angostos callejones tras las murallas, un lugar idóneo para el sosiego de la creación en libertad. Se solían instalar en los áticos de los edificios, una especie de gabinetes de pequeñas ventanas, para aprovechar al máximo la luz del día. El arte de los guillocheurs, los talladores, montadores y relojeros ha marcado el prestigio de este enclave desde entonces.
Una tarde del miércoles 17 de septiembre de 1755, un joven maestro relojero ginebrino de 24 años caminaba por Saint-Gervais camino de la notaría de Choisy para contratar a su primer aprendiz. Se llamaba Jean-Marc Vacheron y estaba estableciendo el origen de un nuevo cuño. El enclave de los artesanos (llegó a haber 5,000 hacia 1800 en una ciudad de 26,000 habitantes) forma parte de la esencia misma de Vacheron Constantin desde sus orígenes.
Hace seis años, Juan Carlos Torres alllegar a la dirección general se propuso rescatar el viejo espíritu de excelencia de Quai d’Ille, la isla de Saint-Gervais donde en 1875 se instaló la firma en un edificio encargado al arquitecto Jacques Elysée Goss, que pasó a ser la boutique histórica en 1906. Una de sus primeras ideas fue desempolvar el taller de creaciones haute-couture para elaborar piezas bajo pedido como las que un día vinieron a encargar personalmente el rey Fouad de Egipto y su madre la reina Nazli en 1937: una gran complicación con todo lo soñable en la época y que hoy todavía enorgullecen el prestigio de la casa.
El proyecto se bautizó Atelier Cabinotiers en honor de los buenos tiempos. Un comité ético interno estudia cada petición y da el visto bueno a aquellos proyectos que concuerdan con la filosofía de la casa. A cada nueva petición se le asigna un equipo formado por un ingeniero, un mecánico y un relojero que trabaja con los diseñadores y el equipo de I+D para dar forma al sueño.
Una persona de contacto hace las veces de concierge privado de enlace entre el cliente y la manufactura, aunque el futuro propietario dispone de un sitio web exclusivo para poder ver los progresos durante los tres o cinco años que dura la creación de un reloj ‘su misura’. Ven ahora la luz las primeras piezas de este atelier de las maravillas. Philosophia, un nombre elegido por su dueño, para representar una forma hedonista de ver la vida en la que el placer sólo requiere de una manecilla tranquila de horas que da la vuelta una vez por día. Para una mayor precisión de instante está la sonería con minutos y el tourbillon (sin segundero) para regularlo. Una fase lunar orbital nos dice si el estado de ánimo está listo para tomar decisiones.
El segundo exabrupto de genialidad se llama Vladimir, como el nombre del propietario. Es uno de los relojes más complicados del mundo. Supera el Tour de l’Ille del 250 aniversario e incorpora los signos del zodiaco chino grabados en bajorrelieve en la carrura de una caja de oro* rosa de 47 mm.
Fase y edad de la luna grabada en oro* rosa. Alterna rostro sonriente y serio con el cambio de su ciclo.
Día de la semana, mes y fecha triangulados mediante agujas. A su derecha, una pequeña ventana muestra el ciclo bisiesto. En el centro, la ecuación del tiempo* ilustra el desfase entre el tiempo real y el solar.
Línea de Tiempo
Noticias relacionadas
























Comentarios
Enviar un comentario nuevo