Publicado el 23 de Noviembre de 2011
Richard Mille en su mansión cerca a Rennes, Bretaña

Richard Mille, impulsor de los relojes más ligeros del mundo, nos recibe en su mansión cercana a Rennes, en Bretaña

Sus relojes son tan ligeros que incluso deportistas como Rafael Nadal o un piloto de Fórmula 1, como Felipe Massa, los llevan durante sus partidos y carreras, y tan complejos por dentro, que son auténticos monumentos a la microingeniería mecánica, muchos de ellos producidos por el atelier ‘mágico’ de AP Renaud & Papi. Sus precios superan el medio millón de dólares, y en tan sólo diez años han hecho de su inventor, Richard Mille –pionero en el uso de materiales ultraligeros y, de hecho, uno de los mayores innovadores del sector– uno de los hombres más admirados del lujo.

Para conocerle mejor, hemos viajado hasta su mansión, ubicada en las cercanías de Rennes, donde vive con su familia y donde tiene su cuartel general. ¿Quién es, pues, Richard Mille?

PASADO

“Nací en Draguignan, una ciudad de unos 40,000 habitantes, en la Costa Azul, en el sur de Francia, en 1951”, empieza contando Mille con tono afable. “Tengo dos hermanas mayores, por lo que he sido un poco un niño mimado. Mi madre me lo reprochaba a menudo, y con razón, porque es la verdad: durante toda mi vida he hecho siempre lo que he querido”. Hijo de un contable –“siempre me decía: nunca te dediques a este trabajo”–, tras diplomarse Mille se matriculó en la École de Commerce: “Estoy convencido de que si hubiera estudiado para relojero nunca habría realizado los modelos que hago, porque creo que, a veces, el exceso de cultura mata la cultura”.

Sin embargo, la relojería le gustaba tanto que, al acabar los estudios, buscó enseguida trabajo en el sector: “En realidad, me gusta todo lo que atañe a la técnica, desde los coches hasta los aviones, y, dentro de eso, me fascina trabajar con volúmenes pequeños, lo más pequeños posible”, puntualiza Mille. “Conseguir ser diferente en un volumen tan pequeño es un reto muy interesante por la arquitectura que requiere. En mi caso aún más, porque para mí un reloj debe ser un objeto técnicamente muy desarrollado, pero al mismo tiempo* de uso muy sencillo. Me gusta mucho mezclar la técnica extrema con el estilo de vida, y eso lo complica todo mucho, porque incluye parámetros estéticos, de confort, mecánicos. De hecho, creo que el motivo del éxito de mis relojes es que son muy clínicos”.

LA MÁGICA LEVEDAD DE MILLE

Uno de los piropos más frecuentes que reciben los relojes de Richard Mille reza que “no hay ninguno que dé tantas emociones”. Al contarlo, su creador suelta una carcajada, que a continuación explica: “Es que me encanta la paradoja, porque alguna vez he sido acusado de hacer relojes que parecen demasiado normales, cuando su apariencia es justamente uno de sus grandes valores. El reloj de Rafael Nadal, por ejemplo, podría parecer barato y simple, porque por lo general el reloj caro se asocia con oro* y diamantes. Sin embargo, es una maravilla de la técnica”. Una maravilla de 19 gramos que, igual que todos los relojes que Mille firma, conlleva tiempos de realización muy largos para, al final, producir muy pocos: “Hace dos años produje unos 2,000, el año pasado, menos de 2,500, este año 2,800”; una cifra que no es nada comparada con marcas como, por ejemplo, Rolex, que hace un millón de relojes al año, o el medio millón de Cartier. “Yo, lo máximo que puedo llegar a hacer son 5,000 relojes al año”, concreta; “y no me interesa hacer más, porque lo que quiero es hacer poca producción pero de cosas extraordinarias”.

MOMENTOS DECISIVOS

Richard Mille llevaba ya muchos años ocupando importantes puestos en la industria relojera cuando, en 2001, al cumplir los 50 años, decidió realizar su primer reloj. “Entonces presidía una exitosa compañía de joyería y relojería, pero estaba muy descontento, porque por más que lo intentara, no lograba controlar la estrategia de aquella empresa donde todos estaban obsesionados con lo que yo llamo el ‘síndrome de Cartier’ o ‘de Chopard’, es decir, con el dichoso volumen, un principio que convierte las empresas en esclavas de un mercado que, por enorme, las obliga a constantes concesiones e infinitas sesiones de marketing para conseguir productos que gusten a todo el mundo; y yo… Yo era un rebelde que quería hacer cosas nuevas y ser diferente en un mundo donde todos copian a todos”. De hecho, en los primeros diez años de su marca, Richard Mille no ha realizado más de 33 modelos.

VISIÓN DEL LUJO

“No siempre lo diseño todo en mis relojes. A veces tropiezo con conceptos técnicos que no puedo
afrontar solo, porque, aunque tengo ideas muy precisas sobre la técnica, al fin no soy ingeniero. Un amigo siempre me dice que soy como Enzo Ferrari, que tampoco era ingeniero pero sabía perfectamente cómo tenía que ser un automóvil”.

Su uso de materiales tales como el carbon-composite, el titanio* o el Lital (aleación de litio con aluminio, cobre, magnesio y cironio, usada en aviones, satélites o en la Fórmula 1), ha convertido a Mille en una suerte de gurú sobre quien todos coinciden en afirmar que con él ha comenzado una nueva era en la relojería. “La base del concepto es muy sencilla”, explica Mille al ser interrogado sobre su gran secreto. “Se compone de tres pilares: lo mejor de la técnica relojera suiza y del acabado a mano (todos mis relojes son así; de hecho, pierdo siempre entre 25 y 30% de piezas a causa de accidentes; un porcentaje que en el caso del platino* llega a 70%); lo mejor de la arquitectura (me encanta que se vea la mecánica de un reloj: me parece maravillosa); y finalmente, la mayor comodidad, dada por la levedad. Es mi visión del lujo”.

INDEPENDENCIA

A la hora de crear, Mille no pide opiniones a nadie: “Lo pienso y, si me gusta, lo hago. Los únicos a los que pregunto son los ingenieros, para asegurarme de la factibilidad técnica. Por lo demás, sé cuándo empiezo pero nunca cuándo acabaré. De hecho, no sé qué precio tendrá un modelo hasta que lo termino, porque el precio es el resultado del coste de desarrollo más el de fabricación, dividido por el número de ejemplares". Según Mille, un buen relojero debe reunir “una combinación de cualidades: creatividad, realismo y saber rodearse de gente apasionada con la que le resulte fácil comunicar. Cuando comencé, la gente pronosticaba mi fracaso, pero yo tenía un producto loco y un plan de negocio muy pesimista, por lo que nunca me sentí en peligro. Por lo demás, tengo un equipo fantástico”.

VIDAS PARALELAS

Dado el éxito de sus relojes, parece probable que, para Richard Mille, convertirse en un santón de la relojería moderna sea sólo una cuestión de… tiempo*, pues el hombre anda tan sobrado de pasiones que se queda algo pensativo ante nuestra última pregunta: Señor Mille, de no ser relojero ¿qué le hubiera gustado ser? Finalmente contesta: “Tal vez pintor, o técnico de aviación, o de automovilismo. Es muy importante ser apasionado y libre; y no someterse jamás a la dictadura de la seguridad”.

Texto: 
Alessandro Ryker
Fotografía: 
Corroado Bonora

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