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Urban Jürgensen: Alfred o el factor humano

Pequeño taller localizado en Bienne, Urban Jürgensen recibe su nombre de una legendaria saga de relojeros daneses radicados en Suiza, que en su máximo esplendor llegaron a competir con gigantes como Abraham-Louis Breguet o Ferdinand Berthoud.

El nombre fue recuperado en 1979 por Peter Baumberger para experimentar con su visión de la Alta Relojería. El deseo de Baumberger tuvo su expresión más elevada en el desarrollo del primer mecanismo con escape de detente usado en un reloj de pulsera.

Hoy en día, ya en manos de inversores daneses, esta exclusividad técnica sigue siendo la que mayor reconocimiento da a la firma, aunque Urban Jürgensen tiene más que enseñar al aficionado relojero. Así lo demuestra con Alfred, su lanzamiento más reciente y una de las piezas más interesantes de cuantas han salido de sus instalaciones.

Lo es por estética, que rompe con el tradicionalismo que caracteriza a referencias anteriores. En este caso el guilloché y los números romanos han sido sustituidos por una elegante y sencilla esfera de números árabes más acorde con los gustos de las generaciones más jóvenes.

Nada le sobre y nada le falta a Alfred, con una medida estándar de 42 milímetros de diámetro, información limitada a la indicación de horas, minutos y segundos, y un hermoso movimiento de carga manual creado en colaboración con la casa Chronode. Este calibre destaca por soluciones estéticas tan bellas como el gran puente del volante calado y de doble punto de anclaje.

Pero Alfred también llama la atención —y esto es algo común a todo el catálogo de Urban Jürgensen— por el alto grado de trabajo artesanal llevado a cabo en su realización.

La carátula se ha fabricado con la técnica grenage, propia del siglo XIX y hoy casi desaparecida, que da a la superficie un característico relieve sólo posible de conseguir con el trabajo a mano. El mismo nivel de elaboración presumen las agujas, cortadas, pulidas y horneadas para lograr el pavonado deseado, según los procesos de fabricación centenarios.

El grado de implicación personal se traslada a la comercialización del reloj. Alfred sólo está disponible por compra directa a la marca a un precio de 14,300 euros más impuestos. Su adquisición incluye una invitación a las instalaciones de la firma en Bienne para que el comprador conozca de manera pormenorizada la filosofía de la casa y cómo ha sido fabricado su nuevo guardatiempo.

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